
Te doy la bienvenida a esta segunda patita de la formación. Si la semana pasada nos metimos en la teoría del inconsciente, hoy quise mostrarte dónde es que realmente "queda la escoba" y brota todo lo reprimido: en las relaciones de pareja. Hoy en día, las relaciones son la puerta de entrada al inconsciente, el motivo de consulta número uno, porque ahí proyectamos todo lo que no resolvimos con nuestros padres.
Quiero que entiendas que la mayoría de tus consultantes van a llegar en un estado que llamamos "incompetencia inconsciente": sufren, pero no tienen idea de qué les pasa ni cómo solucionarlo. Nuestro trabajo no es arreglar la comunicación con su pareja ni escuchar la historia de Pepito o Juanita, sino preguntarnos por qué esa persona reacciona de esa manera ante el evento. Recuerda que la represión lleva a la repetición, convirtiendo la vida en el "Día de la Marmota" donde el mismo conflicto se vive una y otra vez.
Para decodificar estas reacciones, profundizamos en la Teoría del Apego. El apego no es solo cariño, es la estructura de cómo entendemos que funcionan las relaciones basada en la consistencia de nuestros cuidadores. Revisamos los tres estilos principales que vemos en consulta:
Lo complejo es que el estilo Ansioso y el Evitativo son como "mano y guante", se atraen y se gatillan mutuamente. Al ansioso lo desespera la espera y entra en fase de protesta (llamando y mensajeando), mientras que al evitativo lo asusta la cercanía y se aleja, confirmando los miedos de ambos.
Además, te hablé de la trampa biológica del enamoramiento. Es básicamente una droga natural que dura dos años para asegurar la reproducción; cuando se acaba, recién vemos la realidad y los conflictos reales. Y aquí entra la parte más dura: muchas veces nos quedamos en relaciones que nos dañan porque nuestra amígdala (nuestro cerebro emocional), al no tener el recuerdo procesado, busca revivir la situación traumática para intentar resolverla o para sentirse "viva" a través de ese terror conocido.
Mi invitación final es que seas curioso con tus propias reacciones. La autenticidad es coherencia. Sanar implica cuestionar estos moldes, desidentificarte de ellos —entender que tienes un estilo de apego pero no eres tu apego— y aceptar radicalmente quién eres para dejar de buscar ser querido a costa de reprimir tu verdadera esencia.