El espejo de las relaciones

A un cambio de percepción

Siempre tenían pareja,

no estaban emocionalmente disponible

no tenían el mismo interés que yo,

vivián en otra ciudad

o había algo que las hacía ser “imposible”

sin importar la razón o por qué el resultado era siempre el mismo

relaciones de pareja que nunca llegaron a nada.

y toda la frustración que eso implica.

El sentirte ajeno,

el escozor de sentir que hay algo mal en ti

que no puedes conectar verdaderamente con alguien

las dudas sobre tu propio valor

los cuestionamientos sobre tu personalidad,

tu físico, tu forma de comportarte frente a la otra persona,

el a veces culpar a la suerte, a Dios o creer que uno tiene un karma.

Convencerse de que uno tiene que cambiar, ser más atractivo o interesante.

Cambiar la estrategia y continuar llegando a lo mismo.

Más vacíos.

Si estás leyendo esto y te identificas de algún modo con este tipo de experiencia, me gustaría ofrecerte un nuevo punto de vista.

No hay nada malo en ti.

  • Existe gente más atractiva que tú, que no tiene pareja
  • Existe gente más interesante que tú, que no tiene pareja
  • Existe gente más resuelta que tú, que no tiene pareja
  • Existe gente más abundante que tú y que, adivina, no tiene pareja.

Así como también hay gente menos atractiva, interesante, resuelta, abundante, etc., que sí tiene pareja.

Entonces, tener o no tener pareja no dice nada, absolutamente nada de tu forma de ser ni de tu cuerpo.

Aunque sí dice algo de una parte de tu personalidad, pero no es lo que crees.

Resulta que como seres humanos tenemos múltiples facetas

Yo no me comporto en mis sesiones 1 a 1 de la misma manera que comporto estando con la Caro (mi pareja)

Ni tampoco me comporto de la misma manera con mi familia de origen, ni con mis suegros, ni amigos.

Salen a luz distintos aspectos de mí en cada encuentro, así como también hay otros que se van a la sombra.

Y tú no eres diferente, también tienes distintas facetas.

Y no, no es que tengas un trastorno, así somos, es nuestra naturaleza.

Dentro de este vasto universo de facetas que existen en nosotros, lo que te invito a mirar es que esas mismas facetas también tienen motivaciones distintas.

Hay una parte de nosotros que quiere tener una relación, pero hay otra que tal vez le tiene miedo al compromiso. Puede haber una parte de nosotros que quiere ser más abundante, pero tal vez hay otra que le parece injusto pagar más impuestos. También puede haber una parte de nosotros que quiere tener una familia, pero otra que le aterra ser como su madre o su padre.

Es decir, dentro de nuestras facetas existen grandes contradicciones, las cuales no siempre son conscientes.

Conscientemente yo estaba convencido de que quería tener una relación de pareja,

dirigía mis esfuerzos hacia eso y también estaba sumergido en la fantasía de que tener pareja iba a resolver mis conflictos,

pero mis elecciones de pareja no eran concordantes con lo que yo decía querer.

¿Si realmente hubiera querido tener una relación de pareja, por qué elegía personas no disponibles?

Y la respuesta simple era porque desconocía que no estaban disponibles, digamos que no era consciente de eso.

Pero había un montón de cosas más de las que no era consciente.

¿Por qué de las cientos de mujeres que conocía, mi mente se enfocaba justo, justo, justo en la que no estaba disponible?

Al parecer, mi parte inconsciente elegía ese tipo de personas por alguna razón totalmente desconocida para mí en ese entonces.

Y ahí entra otra pregunta clave: ¿Por qué inconscientemente elijo esto? ¿Qué es lo que busca mi parte inconsciente?

Y en mi caso, y tal vez el tuyo también, era evidente: Mi parte inconsciente no quería una relación de pareja.

Aquí es donde entra la parte más analítica del asunto,

en la cual me he convertido en un experto,

y en la que trabajo a diario en mis acompañamientos uno a uno,

que es descifrar el porqué ¿Por qué inconscientemente elijo esto?

¿Por qué inconscientemente no quiero tener pareja?

Para esto, es necesario observar los escenarios que se nos presentan.

El inconsciente se manifiesta de forma simbólica en nuestros sueños y en nuestro día a día.

Podemos seguir repitiendo las mismas situaciones eternamente, creyendo que son azarosas,

o podemos buscar entenderlas.

Fue así que empecé a observar estas pseudo-relaciones,

me centré precisamente en qué es lo que se repetía en cada una de ellas.

Encontré tres puntos clave: no estaban realmente disponibles, desaparecían de la noche

a la mañana y siempre me culpaba a mí del resultado, creyendo que había algo mal en mí,

pero no hacía nada con lo que sentía.

Y ahí vino la pregunta clave: ¿En qué momento de mi vida me sentí de esta manera?

La respuesta era clara como el agua: con mi padre, al que dejé de ver a mis 4-5 años.

Él tenía otra familia, de la que yo no era consciente.

Desapareció de la noche a la mañana.

Nunca entendí por qué se fue de mi vida,

y lo que hice con mi dolor fue hundirlo.

Exactamente lo mismo que hacía y sentía en cada una de mis relaciones de pareja fallidas.

Todo esto me vino a mostrar la raíz del conflicto.

Una parte inconsciente de mí estaba convencida de que

“las personas que te quieren, se van de la noche a la mañana”.

entonces, al parecer, la forma de protegerme inconscientemente era

no concretar una relación para así no tener que pasar por ese dolor.

Esto fue una tremenda motivación para por fin sanar esa vieja herida, dejar de hacer cómo que no pasó o que no me afecta.

Y por fin, ser compasivo.

Si un niño pasara por ese dolor,

jamás le diríamos que se calle,

que no importa lo que siente

o que simplemente ya va a pasar.

Probablemente lo escucharíamos, validaríamos lo que siente e intentaríamos contenerlo.

Es justo eso lo que tenemos que hacer con nosotros mismos ante la presencia de estas heridas,

pero que lamentablemente,

rara vez hacemos.

Y sí, es doloroso, no lo voy a negar.

Pero soy la prueba viviente de que ese es el camino.

Cuando por fin me atreví a ver la verdad corté el patrón.

Y como has visto probablemente en mi redes,

ya voy camino a los 3 de relación con la Caro,

tuvimos un un hijo maravilloso

y a pesar de que formar una familia siempre es desafiante

ha sido lo más lindo que me ha pasado en la vida.

“Nos sentimos inevitablemente atraídos por todo aquello

que nos traerá grandes dolores o aprendizajes,

si es que algún día entendemos el mensaje”.

Esa frase la escribí en la introducción de mi libro llamado “Trascender”.

Me costó años llegar a esa conclusión y la verdad es que sufrí bastante.

Tal vez esto te ayude a acortar el recorrido.

Confronta tu dolor,

haz consciente lo inconsciente,

establece coherencia entre las parte de ti

y si se te hace muy complicado,

puedo ser de ayuda.

Pero por favor ten claro,

no hay nada malo en ti.

Es solo un pasado que demanda ser sentido.

Un abrazo,

Ignacio.

Imagen del autor

Quién soy yo?

Mi nombre es Ignacio Urzúa, también conocido como Ignacio Grez. Me dedico a realizar acompañamientos uno a uno para ayudar a las personas a identificar y romper patrones de pensamiento y comportamiento repetitivos que limitan su vida. Me centro en explorar la infancia y la historia familiar de mis consultantes para entender y abordar los conflictos recurrentes en sus vidas.

Los beneficios de este acompañamiento incluyen el desbloqueo de obstáculos en las relaciones, la mejora de la calidad de las relaciones, la identificación de creencias limitantes, la reducción del estrés y el fomento del amor propio. La mayoría de mis consultantes describen las sesiones como un gran despertar, al darse cuenta hasta qué punto repetían su historia familiar y dirigían su vida en base a sus heridas de infancia.

Estaré encantado de acompañarte en tu proceso. 

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