Te doy la bienvenida a los puntos claves de esta tercera sesión. Si ya entendimos que la mente crea la realidad y que el apego moldea nuestras relaciones, hoy aprendimos a trabajar directamente con la represión para lograr que tu consultante transite de la "incompetencia inconsciente" a la competencia consciente (la resolución).
Quiero que te lleves este cambio de paradigma radical: el mundo es inocuo. El sufrimiento no viene de los eventos externos, sino de la herida interna que estamos cargando. Por eso, un gatillo no es algo "malo"; es una pista más que nos muestra dónde está la herida. En consulta, tu rol es dejar de lado el conflicto de la semana y convertirte en un detective que usa esos gatillos para guiar a la persona hacia esos recuerdos que parecen olvidados o que no les da importancia.
Para esto, estructuramos el trabajo enfocándonos en la despresión (el proceso inverso a la represión). Es crucial que aprendas a distinguir emoción de percepción; recuerda que "sentirse ignorado" es una creencia, mientras que la tristeza, la ira o el miedo son la emoción real. Tu trabajo es llevar al consultante a una escena concreta, desglosar qué pensó, sintió e hizo, y luego usar eso como un puente directo hacia la infancia para liberar esa carga contenida.
Al hacer esto, descubrirás que el adulto de hoy sigue usando los mismos mecanismos de supervivencia (como la hiperindependencia o la sumisión) que desarrolló de niño para sentirse seguro.
En esta formación somos de la idea, bastante revolucionaria, de que la verdadera reparación no ocurre afuera, cambiando a la pareja o el entorno, sino adentro, descubriendo qué necesitaba realmente ese niño interno y dándoselo hoy desde el adulto. Algo que más adelante veremos que se le llama "Reparentalización".