FORMACIÓN INTEGRAL EN TRANSGENERACIONAL

RESUMEN CLASE
Nuestra forma de “ser”, es decir, nuestra personalidad y la manera en que nos presentamos al mundo, es en gran medida una adaptación a nuestro entorno familiar, nuestra infancia y la sociedad en la que nos desarrollamos. Esta personalidad se compone de un conjunto de creencias, pensamientos y emociones que, integrados, configuran nuestra visión del mundo.

Todo lo que nos sucede tiene una explicación en nuestra historia familiar. El trauma y nuestras heridas responden a un continuo de sucesos correspondientes a un contexto familiar.
Nuestra forma de “ser” en realidad es una adaptación a las circunstancias que tuvimos que atravesar en nuestra familia y en la sociedad de la que somos parte.
No podemos separar al individuo de su contexto. La enfermedad en realidad es un error de percepción al descontextualizar a una persona de su entorno. Nuestra forma de ser, cada síntoma, cada reacción, es tremendamente coherente.
¿Coherente con qué? Con nuestra visión del mundo,
la cual es una simple adaptación a una serie de circunstancias.
Y aquí entra la siguiente pregunta, ¿cuál es la función de estas adaptaciones? Pues protegernos, ¿pero de qué? De nuestras heridas.
Una herida, ya sea física o emocional, es una parte sensible de nosotros que duele producto de un trauma o daño. Asimismo, en ambos casos, las heridas, sean profundas o superficiales, tienden a generar una costra, es decir, una coraza rígida, insensible y dura que protege esa parte sensible de nosotros (parte protectora).
La tercera característica de toda herida es que moldea nuestro cerebro. Crea puentes neuronales, crea un neuropatrón.
Una creencia es la suma de un pensamiento y una emoción. Los pensamientos están relacionados con lo que percibimos en nuestra infancia y las conclusiones que formulamos en base a los eventos que ocurrieron a nuestro alrededor.
Un ejemplo de esto es percibir que nuestros padres no están disponibles para nosotros y concluir que “no somos importantes para ellos”, ya sea esto real o no.
Ese pensamiento por sí solo no tiene mucha trascendencia, pero si este pensamiento además nos lleva a sentir una profunda tristeza, rabia o miedo, se ancla en nuestra memoria, dando paso a una creencia, una forma de ver el mundo.
Esta creencia, ya sea positiva o negativa, va a tener tres características:
El cúmulo de creencias que se vamos formando acerca de la realidad va dando paso a lo que entendemos como nuestra personalidad.
La personalidad se desarrolla en distintas fases en las que vamos incorporando nueva información. La palabra “personalidad” significa “cualidad relacionada con un ser humano”, donde la palabra “persona” hace referencia a “máscara teatral”, es decir, aquello que se pone delante del rostro, o sea, delante de nuestra alma.
Nietzsche menciona que la máscara se desarrolla en función de una necesidad social y que, como consecuencia, crea un “falso yo”.
La personalidad se estructura en diferentes fases del desarrollo que veremos a continuación. Ahora, ¿por qué es importante conocer los estadios de desarrollo? Pues debido a que la fijación en una etapa o su mala resolución puede producir que el individuo en cuestión se estanque. Básicamente, queremos saber si la película de nuestro consultante o la nuestra está trabada.
Punto clave: La personalidad en sí misma no refleja quiénes somos realmente, sino que es más bien una máscara. Es una adaptación a nuestro entorno, es decir, es una defensa. No es quiénes somos.
Es por esto que al llegar a la mediana edad, generalmente nos damos cuenta de que esa personalidad que creamos en realidad no es quiénes somos y surge la necesidad de ir más allá, de comenzar un proceso de individuación.
Esto se refiere al desarrollo del individuo hacia la totalidad y la integración de la personalidad. En este proceso, una persona se convierte en un ser único y completo, reconociendo y reconciliando las diversas partes de su psique.
Existe una individuación inconsciente, en donde sin darnos cuenta, nuestra personalidad se ve afectada por nuestro inconsciente. Sin embargo, hay algunos individuos que empiezan a cuestionar su familia, su vida, sus creencias y comienzan un proceso de individuación consciente. Este proceso se inicia por una decisión, generalmente impulsada por el dolor que la personalidad que creamos nos ha traído o por la aparición de la mediana edad.
